(Foto: usatoday.com)

Un ciclo de conferencias de este mes de marzo del Ateneu Barcelonès proponía una pregunta sugerente y provocadora con el título de: “La guerra, la diplomacia del débil?“. La cuestión de fondo nos ayuda a situar y entender el contexto y la magnitud de la visita del presidente Obama a Cuba.

Si la respuesta tradicional de la política exterior norteamericana, ante un conflicto con un tercer Estado, solía ser en clave militar -se enviaban tropas, se invaden estados soberanos; se promovían golpes de estados y dictaduras allí donde florecían democracias … la doctrina Obama (imprescindible y muy recomendable artículo slow de Jeffrey Goldberg) … ha mutado el ADN y el alma con el que los Estados Unidos se aproximan a los asuntos internacionales en un conflicto entre desiguales (elefante vs. hormiga, por ejemplo) la respuesta y la solución no pasan por el uso de la fuerza, ni la imposición, sino por la alteridad, la inteligencia inclusiva y la seducción. Cuba e Irán ejemplarizan el nuevo paradigma.

Obama con Cuba ha roto -con la misma inteligencia y fuerza moral- uno de los tabúes más relevantes e intocables de la política estadounidense: “Cuba” no se toca. Dejémosla en el “congelador“.

Desde que la todopoderosa Cámara de Representantes aprobó el bloqueo (1960 y 1962), con la vigilancia permanente del influyente Comité de Asuntos Exteriores del Senado; hasta 3 presidentes han intentado abordar seriamente el capítulo cubano con vistas a solucionarlo. Todos toparon con la oposición y el boicot de actores internos poderosos:

  • Los líderes de la comunidad cubana establecida en el exilio de Miami, que influían en los respectivos aparatos de partidos y establishment demócrata y republicano para que el asunto de la isla continuara en un callejón sin salida;
  • La tradición más anquilosada del Departamento de Estado y el servicio diplomático, que con los viejos halcones del Departamento de Defensa se oponían a cualquier gesto de distensión;
  • E incluso los servicios secretos, que hacían fracasar intentos de aproximación, sin tapujo alguno.

Obama se ve con fuerza de vencer estas resistencias internas y de la mano de las fuerzas económicas, de un cambio generacional en la Florida e implicando actores institucionales y políticos capaces de enfrentarse a las respectivas viejas guardias demócratas y republicanas, es capaz de preguntarse con naturalidad “si 50 años de bloqueo no han funcionado, porque no intentar una alternativa -donde todos los actores puedan ganar?”.

El margen de actuación del presidente no es simbólico, pero el actor principal y necesario para suspender el embargo sigue siendo la Cámara de Representantes -y con pocas previsiones realistas de cambio de mayorías a la vista. Sin embargo Obama se lleva a Cuba y da protagonismo a congresistas, senadores y diplomáticos contrarios a adoptar más medidas aperturistas que faciliten la transición. Con este gesto quiere implicar a los críticos y a los que dudan, a la hora de analizar las consecuencias de los respectivos posicionamientos y votos -a corto y medio plazo- en la vida cotidiana de los cubanos.

Hoy sólo la extrema radicalidad, que sobrevuela las primarias republicanas, se opone a avanzar en un escenario de resolución del conflicto cubano. Cada vez hay menos obstáculos para que la estrategia negociadora avance hacia un escenario de fin del embargo a cambio de la garantía de los derechos políticos -libertad de expresión, pluralismo político, libertad de prensa, amnistía a los represaliados …

Como con la reforma sanitaria, con Cuba Obama ha llegado tan lejos como nunca antes habían llegado sus predecesores.

La Administración Obama ha transformado el tradicional realismo unipolar -ahora copiado por Putin- de la política exterior estadounidense por un retorno a un internacionalismo multilateral. El asunto Cuba requería inteligencia y horizontalidad diplomática. Obama y Bergolio comparten referentes cultuales, ideológicos y misión. Nunca antes había habido tanta sintonía entre Washington y el Vaticano. Lo que era un hándicap para el candidato JFK, hoy es un activo. Fidel Castro había dejado escrito a principios de los 70: “sólo con un presidente de color en la Casa Blanca y un jesuita en el Vaticano era imaginable una solución al conflicto Cuba- EEUU“.

La Diplomacia Vaticana - Pietro Parolin, Secretario de Estado vaticano influyente y con larga trayectoria y conocimiento en Latam; Jaime Ortega, arzobispo de la Habana y el propio Papa Bergolio- ha compartido el impulso discreto junto al presidente Obama, el Secretario de Estado Kerry y Kenneth Hackett el enviado de Estados Unidos en Roma.

No es casualidad que unos de los primeros agradecimientos de Obama, en la conferencia conjunta con Castro – del lunes 22 de Marzo -, se dirijan al Vaticano.

El presidente Castro muestra apertura de zoom actitudinal, ideológico y de liderazgo cuando defiende “hemos de aprender a convivir con nuestras diferencias“; pero este zoom se cierra de manera refleja cuando los periodistas estadounidenses le preguntan por los presos políticos:

  • Aquí es donde la conferencia de prensa entra una dimensión desconocida y en fase de descontrol;
  • Castro no está acostumbrado a enfrentarse a preguntas incómodas; demuestra su disgusto, sobreactúa con el gesto cortante de la mano “y basta” – y con los auriculares que facilitan la traducción simultánea.

Termina la conferencia con el gesto -fuera de guión- de Castro al querer levantar la mano de Obama -buscando la imagen más icónica “de victoria” de esta visita- gesto que incomoda Obama, que rehuye el envite, por impacto y las consecuencias políticas que hubiera tenido ese momento.

Las imágenes del presidente Obama, en mangas de camisa y paraguas, saludando a cubanos a pie de calle, dejándose hacer fotos y vídeos y recibiendo su afecto; o el partido amistoso de béisbol, son algunas de las imágenes que deja este viaje: el presidente cercano, carismático y seductor.

Estas imágenes quieren ser la “respuesta” a la visita que en 1960 Fidel Castro y la delegación cubana hacen a Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU. Tras un inicio de estancia conspicuo y distorsionando, la delegación cubana se instaló en Harlem: un barrio desestructurado de mayoría afroamericana. La elección no era casual, aprovechar la estancia para cultivar el afecto de los más frágiles a la revolución cubana; construir puentes y simpatía con la comunidad afroamericana: “la lucha por los derechos civiles, la liberación y la emancipación negra, también es nuestra“.

Esta decisión se convirtió en todo un acontecimiento: Harlem se convirtió en el centro neurálgico y en el corazón de la ciudad de Nueva York: delegaciones internacionales, diplomáticas, personajes de la época y curiosos “ocuparon” y descubrieron Harlem al visitaron el humilde hostal donde se había instalado la comitiva de los líderes barbudos de los puros revolucionarios.

El clímax de la visita de Obama es el discurso en el Gran Teatro de La Habana para dirigirse directamente a el pueblo cubano, a las fuerzas vivas y representantes de su sociedad civil. Este discurso ha sido pensado y construido para residir en el Olimpo de los discursos presidenciales. Llega la hora de escenificar los mensajes, la narrativa, las actitudes y los gestos del alma y el liderazgo del presidente con la mirada puesta en el futuro.

Este discurso de La Habana tiene un hermano mayor: el de la Universidad de El Cairo (2009), dirigido al mundo musulmán. Ambos quieren superar conflictos relevantes, prejuicios y miedos; ambos quieren construir confianza con los respectivos interlocutores; ambos quieren derribar prejuicios y miedos de culturas, realidades y universos diferentes. La misión: persuadir y enamorar.

Acoger con los brazos abiertos:

“I’ve made it clear that the United States has neither the capacity, nor the intention to impose change on Cuba. What changes come will depend upon the Cuban people.

And to President Castro -who I appreciate being here today- I want you to know my visit demonstrates u don’t need to fear a threat from US. I’m also confident you need not fear the different voices of the Cuban people, their capacity to speak, assemble, and vote for their leaders.

And I’ve always believed in what Martin Luther King, Jr. called “the fierce urgency of now” we should not fear change, we should embrace it.”

Reconocer errores propios en primera persona:

“The blue waters beneath Air Force One once carried American battleships to this island to liberate, but also to exert control over Cuba. I have come here to bury the last remnant of the Cold War in the Americas. I come here to extend the hand of friendship to the Cuban people.

Before 1959, some Americans saw Cuba as something to exploit, ignored poverty, enabled corruption. And since 1959, we’ve been shadow-boxers in this battle of geopolitics and personalities. I know the history, but I refuse to be trapped by it.

What the United States was doing was not working. We have to have the courage to acknowledge that truth. A policy of isolation designed for the Cold War made little sense in the 21st century. The embargo was only hurting the Cuban people instead of helping them.”

Empatía:

“Today, like José Martí in his most famous poem “cultivo una rosa blanca”, as president of the US I offer the Cuban People un saludo de paz”.

Marti said, “Liberty is the right of every man to be honest, to think and to speak without hypocrisy.”

Just consider this fact about the US campaign: You had two Cuban Americans in the Republican Party running against the legacy of a black man who is President, while arguing that they’re the best person to beat the Democratic nominee who will either be a woman or a Democratic Socialist!!”

Ironía:

“There’s no secret that our governments disagree on many issues. For many years, President Castro has pointed out the flaws in the US system: economic inequality; death penalty; racial discrimination; wars abroad… That’s just a sample… He has a much longer list…”

Miradas compartidas:

“The differences between our governments over many years are real and they are important. But we also need to recognize how much we share. We’ve been on different sides of conflicts in the Americas. But today, Americans & Cubans are helping th Colombian people resolve a civilwar.”

Reconciliación:

“I believe our grandchildren will look back on this time of isolation as an aberration, just one chapter in a longer story of family and friendship. So the reconciliation of the Cuban people -children and grandchildren of the revolution, and children and grandchildren of exile- it’s fundamental.

The recognition of a common humanity, the reconciliation of people bound by blood and a belief in one another that’s where progress begins.”

Declaración de principios:

“As President of the United States, I’ve called on our Congress to lift the embargo. It is an outdated burden on the Cuban people.

I’ve made it clear that the United States has neither the capacity, nor the intention to impose change on Cuba. What changes come will depend upon the Cuban people.

There’s still enormous problems in our society. But democracy is the way we solve them. That’s how we got health care for more of our people.”

Seducción afectiva e ilusionante:

“In the US, it’s possible for somebody like me -a child who was raised by a single mom, a child of mixed race who did not have a lot of money to pursue and achieve the highest office in the US. That’s what’s possible opening debates within our own democracy allows us to get better.

I’m appealing the young people of Cuba who will lift something up, build something new. El futuro de Cuba está en manos del pueblo Cubano.

Understanding, listening & forgiveness. If the Cuban people face future together, young people of today will be able to achieve their dreams

We can make this journey as friends, and as neighbors, and as family together. Si se puede. Muchas gracias.”

De manera reiterada el auditorio cubano respondía al alma Obama con calidez, calor y aplausos de asentimiento, asertividad y conexión -ante la presencia del presidente Castro y las máximas autoridades del PCC: “nos entendemos, nos gusta lo que dice, nos sentimos identificados “.

La iniciativa y el coraje de Obama con Cuba – “respondiendo Sí, la guerra es la diplomacia de los débiles, por eso nuestra respuesta debe ser otra” – nos reconcilia y nos vuelve a enamorar de la Buena Política. Es útil, necesaria y la única manera de devolver la confianza entre las personas y la res publica. La -soft- diplomacia pública es una buena guía de navegación segura en tiempos de incertidumbres, miedos, Trumps, violencia, fanatismo, suicidas, crisis humanitarias, pobreza y miseria.

En cambio la doctrina FAES sobre Cuba, inoculada y asimilada por la diplomacia española de turno, responde negativamente y con miedo a la pregunta provocadora “La guerra, la diplomacia del débil?”. El instinto ideológico de los prejuicios ganando a la inteligencia emocional. Y mientras tanto España continúa en el camino de la irrelevancia internacional, renunciando a ser puente -no sólo con la UE sino también acogiendo y ayudando la diplomacia vaticana- y un actor natural, relevante y facilitador en el cambio en la Isla .

@aleixcuberes es creador y director de @ingenia_pro.

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