(Foto: La Vanguardia)

Identificar a los parlamentos como un campo de fútbol, un escenario de guerra o un plató de programa telebasura es un elemento que dice muy poco de la calidad de nuestra cultura política. Esto es lo que ha pasado en el debate de investidura de Pedro Sánchez:

Hemiciclos conformados por hooligans divididos en bandos preparados para la exhibición excesiva de  testosterona, los instintos más primarios y la sobreactuación: gritos, insultos, faltar el respeto a los adversarios, exageración de los gestos, puños en alto, aplausos sonoros, levantarse cuando el portavoz propio vuelve al escaño tras su intervención -como aquellos guerreros de la Edad Media que volvían a casa después de la batalla y sus ciudades los recibían en medio de ovaciones y reconocimientos.

Incluso los nuevos actores políticos se han dejado hipnotizar por estos usos tan antiguos. La poca ejemplaridad que “sus señorías” transmiten a sus propios hijos, a su propia gente, a los votantes y a las nuevas generaciones no es un legado para sentirse demasiado orgulloso.

Cuando interviene alguien que no es de los nuestros”, entonces no hace falta respetarlo ni prestarle atención a su intervención y argumentos; o se le corta/baja el micrófono; como lo que se dice no “interesa”, es más importante atender a otras “prioridades” como centrarse en los dispositivos móviles propios.

(Foto: vía GQ)

Por cierto el lenguaje corporal de la bancada socialista hundida en los respectivos escaños, cabizbajos con sus teléfonos, mientras intervenía Pablo Iglesias, resumía en una imagen demoledora la enorme dificultad e incomodidad en que les situaban las palabras del líder de Podemos. No es de extrañar entonces la reacción de pánico y la desesperada de Sánchez utilizando las víctimas de ETA, contra Iglesias.

Mucha testosterona, mucho corazón agrio, pocas sonrisas, poco humor, poca empatía, cero alteridad y seducción en negativo. Si vas a un investidura sin los votos necesarios, el sentido común dice que deberías desarrollar dotes de seducción para intentar sumar nuevas adhesiones y no llenar de reproches -a derecha e izquierda- tu discurso para arrojarlos con resentimiento a los adversarios.

Hacemos campañas para erradicar el bullying en la escuela, pero en los platós de TV, los campos de fútbol y también en algunos Parlamentos continúa cada día exhibiéndose y hay cada día personas haciendo bandera de estas actitudes.

Cuando en un debate parlamentario se utilizan argumentos del estilo “abandonen sus ideas equivocadas” referidas a los adversarios, este no es un debate de altura, ni de estadistas, ni mucho menos de liderazgos inclusivos. Cuando alguien se otorga la verdad absoluta, no hay espacio para el diálogo, la pedagogía, ni para intentar establecer un diagnóstico compartido, y mucho menos explorar vías de solución.

El marco mental sobre lo que Pedro Sánchez construye su narrativa respecto Cataluña – “conflicto de convivencia“- demuestra que el PSOE se ha rendido ante la estrategia PP y Cs de estigmatización de la diferencia y abrazando la respuesta de la fuerza.

Por no hablar de la intimidación planificada y tolerada del ruido ambiental en el hemiciclo del Congreso de los Diputados: cuando un diputado sube al atril un runrún ambiental del resto de diputados adversarios es el protagonista de las intervenciones. Se quiere debilitar la actitud, la concentración, el mensaje de la persona interviniente.

Curioso que Albert Rivera se quejara de este ruido cuando él y su partido eran los impulsores y protagonistas de este ruido en el Parlament de Catalunya. El Congreso español haría bien en quererse parecer a Parlamentos como el catalán, donde el respeto exquisito conforma parte del ADN esencial de la vida parlamentaria.

La idea de sustituir estos hemiciclos de “guerra”, por unos parlamentos que se conviertan en el hogar de besos y abrazos; de inteligencia, sabiduría y seducción me parece un concepto muy suggerente: buena política!

(Foto vía El Periódico – PS1)

Construir una política más humana; visualizar un nuevo afecto público o identificar política con ternura son elementos que nos acercan a un horizonte donde la política quede situada en una esfera más próxima, que generaría más confianza y utilidad para las personas.

El gesto de dos personas del mismo género -diputados- dándose un beso en los labios en medio de un hemiciclo es “rompedor”, sorpresivo e incluso contracultural -animando a superar la expulsión del afecto de la vida pública, haciéndolo salir de la reclusión a la esfera privada; afecto no equivale a fragilidad, al contrario, sin afecto no se pueden construir fortalezas.

Si se quería un gesto valiente y ejemplar, hubiera sido suficiente con un abrazo -sin besos en los labios- entre portavoces que piensan diferente:

  • un abrazo entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy;
  • o uno entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias;
  • o entre Pedro Sánchez y Joan Tardà …

Con toda la sana discrepancia; con toda la oposición a las ideologías respectivas; con toda la contundencia diplomática … pero sin romper unos mínimos de dignidad, respeto y afecto. Este sería un gesto extraordinario de civilidad y abriría las puerta a un cambio de cultura política sin precedentes y valiente.

Ahora bien, si sólamente tenemos candidatos de márqueting; campañas electorales inspiradas en marketing; discursos llenos de eslóganes de marketing; negociaciones políticas construidas bajo el marco del marketing, el postureo; y los gestos de la vida parlamentaria sólo se fundamentan en el marketing … estamos abocados a la “dictadura de la mediocridad“.

Obama cerraba la cumbre de los líderes ASEAN – Estados Unidos respondiendo a una pregunta sobre las posibilidades de Donald Trump de llegar a la Casa Blanca. Decía el presidente saliente:

“… Esto de ser presidente es algo serio; no sobre platós de TV, no sobre -auto- promoción-, esto no de marketing …”

Cuando la Política se reduce a la categoría de marca todo se convierte en fachada, apariencia y humo. Detrás del márqueting sólo hay vacío, falta de coraje y ganas de mantener la política en el espacio de la anécdota y la irrelevancia. Los envoltorios atractivos no son la respuesta ni la solución para dotar a la política de recorrido, fundamentos y profundidad. Suspiros y necesidad de estar bajo las cámaras y en los titulares de manera permanente, al precio que sea, generan aún más desconfianza.

Sirva como antídoto la intervención del portavoz del PNV-EAJ, Aitor Esteban, continuador de la mejor tradición parlamentaria vasca, inspirada en el alma jesuita, y protagonizada antes por portavoces extraordinarios como Erkoreka, Anasagasti o Arzalluz: (a partir de las 7 horas y 31 minutos)

“… Aún no ensillamos y ya cabalgamos …”

Esta intervención representa una mirada con alma de profundidad, reflexión, mirada larga, rigor… en definitiva: BUENA política y liderazgo, esa que supera el debate entre “nueva” y “vieja” política.

Conclusiones del debate:
- candidatos -sometidos a la dictadura del márqueting, no líderes;

- sin el cuidado del elemento personal, no hay construcción posible;

- falta de ejemplaridad.

PS 1: Que la anécdota de la imagen del “beso” Iglesias – Domènech monopolice espacios relevantes de los medios de comunicación nos indica que la misión educadora y facilitadora -por la que el gran público se conforma ideas y valoracions sobre el contenido y el fondo de los diferentes debates- no es una prioridad en los medios de hoy.

Los media son imprescindibles para ayudar a visualizar que también hay una BUENA manera de hacer política. Si sólo nos quedamos con las anécdotas, el círculo vicioso no se romperá.

PS 2: Y sí, Ciudadanos se marchó del hemiciclo del Parlament de Catalunya para no condenar el franquismo.

@aleixcuberes es creador y director de @ingenia_pro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>