David Parreño, periodista del Diari ARA, nos propuso reflexionar sobre un debate apasionante entorno a la campaña digital de los diferentes partidos políticos en el nuevo ciclo electoral.

Aquí van nuestras ideas al respecto:

0. Punto de partida:

Históricamente la distribución del poder se concentraba primero en las ciudades, más tarde en los estados y hoy queda descentralizado en las personas. Nunca antes los ciudadanos habían dispuesto de tanto poder en su manos.

También por estas razones se explica que en el ADN de la cultura digital residen de forma natural valores y conceptos como:

  • compartir;
  • abrir y descentralizar;
  • dar y democratizar el acceso;
  • facilitar, un alto sentido de la colaboración y la horizontalidad.

Estos valores de la cultura digital tienen poco que ver con la jerarquía, la centralización y la obediencia que caracterizan los aparatos de los partidos políticos. Otra razón que explica que hoy se cuestione abiertamente su legitimidad y conexión con la sociedad.

Si  hoy formulamos la pregunta: “¿La Política hoy -situada en el corazón del mundo digital- tiene más y mejor reputación que antes de la eclosión de las herramientas digitales?“. Nuestra humilde respuesta es NO. Hoy, la política agudiza la tendencia de desconfianza y alejamiento respecto de las personas. 

 

1. Contexto:

A. Hoy el mundo digital es -nada más- una micro-bombolla -nada representativa- de la vida real. Esta extensión acelerada de nuestra vida solamente acaba de empezar su adolescencia:

  • la apariencia -no el alma- es esencial y por esto se explica la esclavitud y sumisión a conceptos como: la inmediatez y el tiempo real -en un minuto digital pasan tantas cosas que aquello que paso hace tan solo una hora, ya forma parte de la pre-historia; los time-lines se convierten en trituradoras y  devoradoras de la actualidad y el formato de “espiral non-stop” se impone;
  • la obsesión enfermiza para ser tendencia o trending -al precio que sea;
  • la -falsa- importancia de “a ver quién la tiene más grande“: se compran número de seguidores -no reales-  y se compran trending topics. Si tienes que pagar/comprar para que te “quieran” tienes un problema de credibilidad y autoestima muy grave.
  • la inmadurez, la inseguridad y la arrogancia: solamente se comunica en clave hedonista o del “yo-yo-y-yo“. Decía John Carlin: “los usuarios de Facebook son exhibicionistas y los de Twitter narcisistas“. Por no hablar de las selfies en Instagram. Tristemente, este modelo de conducta se extiende también a los partidos políticos y su campaña digital.
  • la frivolidad en el contenido: aquello que más se consume -se comparte y   triunfa- en las redes se concentra en el chafardeo, la tertulia, lo frívolo y  sensacionalista, la broma fácil y estúpida, la crítica sin piedad y la tendencia amarillista. Por no hablar del slacktivismo – “si quieres salvar el planeta haz clic…”;
  • el infantilismo: “yo tengo la razón y la verdad absoluta“: hay poca predisposición digital a ponerse en la piel de las otras personas; los absolutos se imponen “o… conmigo, o… contra mí”; aquellos que dudan o no lo ven claro quedan expulsados y estigmatizados.

 

La evolución lógica de este micro-mundo digital paralelo pasa por abandonar progresivamente este hedonismo adolescente y abrazar una nueva etapa donde la alteridad y la utilidad social sean el idioma común.

Aunque de momento, construir sobre estos elementos tan frágiles e inconsistentes no resulta atractivo. “Explícanos cómo comunicas y nos estarás dando pistas sobre tu estilo de liderazgo y manera de gobernar. ”

 

B. La vida digital organizada en comunidades -volubles y en constante mutación- en red es sólo una parte minúscula -más- de la vida real. En esta micro-bombolla digital la presencia en les redes sociales no se traduce ni es coincidente con la  representatividad en la vida real.

Todos los partidos:

  • han estandarizado y homogeneizado su vida digital de la misma manera; se han construido una misma reputación digital utilizando los mismos códigos y actitudes. Solamente comunican “sobre ellos mismos y de cuan fantásticos son”. Cómo van a seducir y generar confianza de esta manera?
  • se han quedado solamente con el factor expansivo y emisor de las herramientas digitales. Pero no se han atrevido con lo más maravilloso que supone este paradigma: romper la jerarquía piramidal de la campaña y abrirla y hacerla trascender más allá de los núcleos de decisión y ceder autonomía:

la campaña es de las personas y no del partido o del candidato“.

 

Quien crea que con un tweet -o unas siglas, un cartel electoral, la fotografía del candidato, una pancarta o un eslogan- da votos, aún no se ha enterado de qué va esto:

  • Solamente “consumen” la comunicación electoral digital de los partidos los “propios convencidos y fieles de la tribu“, con la paradoja que numérica y proporcionalmente cada vez son y serán menos; los “promiscuos, dudosos, desconfiados e indiferentes” son los relevantes y mayoría;
  • En comunicación digital identificamos y podemos cuantificar el número de interacciones y conversaciones entre los diferentes actores y los diversos           públicos y comunidades. Pero aún no podemos medir la calidad de estas       interacciones o conversaciones. I mucho menos aún la fidelización y la     convertibilidad final en votos.

El savoir fair y el éxito de la comunicación -electoral- digital reside en la capacidad de convertir las interacciones digitales en experiencias reales y tangibles:

  • Un 140 caracteres es imposible conversar, escuchar, persuadir, seducir o convencer. Esto sólo lo podemos hacer -de manera creíble- mirando a los ojos, estando cerca de la gente, entendiendo y sintiéndolos. Hemos de poder trasladar la conversación y  la interacción virtual a un espacio tangible en el que construir experiencias de calidad y así poder  desplegar nuestro valor diferencial;

(En las últimas elecciones presidenciales en Uruguay, el candidato que relevaba a Jose Mujica ganó sin perfil oficial en Twitter.)

  • las micro-interacciones de calidad multiplicadas en el tiempo construirán un modelo relacional y de reputación, confianza y prestigio para cualquier   candidato. “Explícame porqué he de seguirte y en qué me beneficia hacerlo“.
  • Más vale una candidata que interactúa, conversa y se relaciona con los ciudadanos de manera regular, que el mejor equipo de campaña digital. Una buena  reputación digital facilita la campaña, pero se pueden ganar elecciones sin el mundo virtual.

 

2. Posibles respuestas y salidas ante esta situación:

  • Cambio de actitudes: humanizar la comunicación digital: identificar cual es el corazón y el alma de la i-campaña, construyendo una nueva reputación y credibilidad;
  • Abrir la comunicación electoral más allá de las propias fronteras socio-electorales y con una clara voluntad de utilidad social; abrir los brazos a las personas que dudan, desconfían y no lo ven claro. (Por qué no nos apoyamos en los críticos para mejorar y no bloquearlos?)
  • La Vida digital solamente tiene sentido si se puede transformar en experiencias reales y tangibles; en espacios de escucha y conversación y debate auténticos; con tiempo para construir confianza -la persuasión llegará por si sola;
  • Fin de las -viejas- jerarquías y Nueva Cultura Digital.”

 

Así lo han publicado:

@aleixcuberes es Director de www.ingenia-pro.com

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