Joan Serra, periodista del Diari ARA, nos propuso reflexionar al entorno de la pregunta:

“Porqué los partidos esconden las siglas ante el nuevo ciclo electoral?”

El debate es muy sugerente, no sólamente por que en pocas semanas los partidos afrontan las elecciones municipales -que abrirán un nuevo ciclo político, sinó también por el momento que cuestiona, de manera descarada, la legitimidad de los viejos códigos y las viejas actitudes políticas.

Estas son algunas de les reflexiones que compartimos para fijar el debate:

0. Punto de partida:

Maya Angelou: “la gente olvidará lo que dices, lo que haces, pero nunca olvidará como los hiciste sentir!” (Matizo y defiendo que es muy importante aquello que decimos y que hacemos.)

1. Contexto:

En un momento donde los partidos políticos están cuestionados abiertamente y la política es percibida por los ciudadanos como un grave problema:

  • la fidelidad de los votantes a los partidos queda entredicha de manera clara;
  • los “creyentes” de los respectivos partidos cada vez son menos;
  • en cambio los “escépticos y promiscuos” se han convertido en una realidad creciente y empoderada;

Hoy las siglas de partido -tanto las institucionalizadas, como aquellas que aún no lo son- penalizan, son radioactivas y representan la última fortificación de los aparatos, las jerarquías y las maquinarias de partido.

Y no solamente las siglas. Todo aquello que sea su representación -carteles electorales, pancartas, eslóganes, pantallas publicitarias…- está “contaminado” de laboratorio, artificialidad y cálculo. Hoy el único elemento capaz de sumar y de construir valor reside en la capacidad emocional y afectiva de los candidatos.

Las elecciones municipales son las más cercanas a la vida cotidiana de los ciudadanos electores. El contexto social, político y cultural que vivimos nos lleva a la “municipalización” de las diferentes elecciones. Hoy una siglas, un logo, un eslogan o un cartel electoral son un pérdida de tiempo, dinero y de esfuerzos para escuchar al electorado, llegar a él y motivarlo -así como también un insulto a la inteligencia de las personas.

Ganará este ciclo electoral de 2015 -andaluzas, municipales y autonómicas, catalanas y españolas…- aquellos candidatos que hayan construido un factor emocional diferencial.

Por otro lado hay elementos de cultura política y de distribución de poder que también explican cómo hemos llegado aquí: el debate, la generosidad y la solidaridad han sido expulsadas de los núcleos de toma de decisiones de los partidos y han sido sustituidas por estructuras rígidas de obediencia y servitud. “Qué atractivo o qué capacidad de seducción puede tener esta realidad?”

Las siglas, los colores corporativos, logos o eslóganes de partido ya no representa reputación ni prestigio y tampoco significan valores añadidos diferenciales.

A esta pérdida de influencia social los partidos han respondido y han intentado inflexionar con más enroque interno abrazándose al marketing. Aunque “unos colores vivos y un envoltorio amable” no sirven para construir el Alma ni el Corazón de los partidos; tampoco para humanizarlos y dotarlos de profundidad, recorrido y sustancia.

Las reglas del juego y la hegemonía partidista en la vida social no volverán a ser las mismas. El nuevo tiempo será igualmente exigente con los nuevos movimientos emergentes como “Podemos”, “Ganemos” o los que vengan. Hay un paso firme hacia una nueva cultura política y de sustitución de valores y de élites. Los ciudadanos quieren ser “shapeholders” en la nueva narrativa de las estructuras partidistas.

Hoy Podemos no es tanto una marca o unas siglas sino un estado emocional de denuncia y aspiracional. Sus andanzas estarán igualmente sometidas al escrutinio crítico y desconfiado de un público que con la misma facilidad que creó un instrumento, lo puede enterrar.

En función del contexto y de las decisiones que vayan tomando, el valor emocional y el charming de Podemos se irá evaporando o su reputación se reforzará -sobretodo si continúa no teniendo a nadie en frente como alternativa.

El mensaje ciudadano a los partidos es claro:

  • “socialmente sois muy poco útiles“,
  • “no sois omnipotentes”;
  • “podemos construir y obtener resultados sin vosotros”;
  • “o os humanizáis o aún seréis más irrelevantes”.

Este mensaje también debería ser escuchado y atendido a los partidos que quieren reforzar y visualizar una Nueva -manera de hacer- Política y un Nuevo Liderazgo Público.

2. Posibles salidas ante este escenario:

  • Evolucionar hacia el modelo norteamericano de partidos, dónde éstos son muy frágiles institucional, política y socialmente;
  • Que los movimientos sociales -sectoriales- cojan el relevo de las estructuras partidistas, construyendo un liderazgo corporativo afectivo, emocional, inclusivo y con voluntad de servir, con utilidad social y voluntad transformadora;
  •  Abrir los núcleos decisores de los partidos e incorporar a personas    representativas de la sociedad externas a los partidos;
  • Más transparencia: “mas puertas y ventanas abiertas, más luces, taquígrafos y mucho más streaming” en los núcleos decisores de los partidos.”

Y así lo recogió l’ARA:

Más allá de estos elementos, se espera un cambio de actitudes y códigos -más que generoso- de los agentes políticos que ayuden a reconstruir la legitimidad del sistema democrático e institucional.

Los partidos y los candidatos que más se esfuercen en esta dirección, estarán en mejores condiciones de escuchar el clamor ciudadano.

@aleixcuberes es director de @ingenia_pro.

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