El Primer Ministro Rajoy entró al debate con las expectativas más bajas y salió reforzado, sin despeinarse. La narrativa -íntegramente leída, anécdotas incluidas, sería la más partidista y menos institucional que se recuerda. Rajoy y su equipo no deseaban ni afrontaban un debate -les continúa incomodando-; aspiraban a reconectar con su electorado -huérfano de referentes en estos meses gubernamentales y semanas barcenescas. Y lo consiguieron utilizando:

  • en el primer minuto de la primera intervención, entrando al fondo de la cuestión, pasando rápidamente a los indicadores y señales de humo que empiezan a señalar un futuro cambio de tendencia, más la consiguiente anáfora “pero no es suficiente“. Tras esas palabras, el marco deseado: la construcción de una realidad que no reconoce una mayoría social de la calle, “España va a ir bien”;
  • poniendo énfasis en su deber por encima de su credibilidad a la hora de tomar decisiones difíciles, sacando pecho de lo mucho que se esfuerza y trabaja y se señaló asimismo como el gran referente, guía y estadista europeo que sabe el camino que hay que seguir;
  • la tonalidad repetitiva de siempre, con los recursos marca de la casa como “los españoles no son niños” y con algún guiño a la voluntad de inspirar y trascender: “los españoles hemos conquistado la posibilidad de plantearnos nuestro futurouna construcción totalmente vacía y sin alma reconocible;
  • para rematar la jugada, tenía que dar argumentos emocionales a los suyos para que vuelvan a juntar filas y situó a los antagonistas del debate: la herencia recibida, otra vez; el adversario “Pérez” Rubalcaba; y los que “quieren romper la convivencia“, con actitudes muy poco diplomáticas hacia los grupos más “pequeños” y más ideológicamente opuestos al grupo mayoritario;
  • obviando el termómetro social  y vadeando la corrupción con algún que otro brindis al sol y escondiendo asuntos de los que la opinión pública busca respuesta: Bárcenas y las actitudes y los negocios de la Casa Real.

A parte de las 21 interrupciones eufóricas del discurso por parte de la bancada popular, veremos si el mensaje conectó con la audiencia (sus votantes). De momento no la miró a los ojos, hizo cero autocrítica y el alma, la pasión y la fuerza se dejan para otra ocasión. Tal vez más adelante.

 

Como líder de la oposición Rubalcaba, antes de empezar el debate, tenía al PM Rajoy más frágil y aislado conocido hasta el momento. Pero aquel aspirante con la fuerza de la oratoria de otras ocasiones no subió al estrado. Se hizo pequeño nada más comenzar. Hizo autocrítica. Su discurso estaba totalmente construido para recuperar las banderas más sensibles para las personas de la calle, de las cuáles el PSOE se alejó durante su última etapa en Moncloa. La intervención fue algo confusa – los ejes centrales no quedaron bien definidos ni estructuraos- nerviosa e interrumpida.

El ruido ambiental era duro. La bancada popular es experta en esta “asedio escénico” que controlan a la perfección. Lo consiguieron especialmente con el entonces aspirante Josep Borrell, al que consiguieron interrumpir, descentrar y en última instancia acallar su discurso -técnico. Esta actitud, que dice mucho de la cultura política española, no se permitiría en Westminster, aún menos en el Bundestag, tampoco en la Cámara de Representas de Estados Unidos. Una lástima que la presidencia de la cámara no ejerza como tal garantizando unos mínimos éticos.

El equipo Rubalcaba sabiendo las actitudes de la bancada popular hubiera podido preparar la intervención con las mismas condiciones “ambientales” y adoptar posibles “respuestas” y salidas.

Pero la debilidad escénica se le suma una argumental: el discurso de Rubalcaba se dejó la “pelota” a la altura perfecta para que Rajoy rematara a placer y a puerta vacía apelando a la etapa del PSOE en el Gobierno. Sólamente con este argumento tuvo suficiente para desmontar todo el discurso del jefe de la oposición. La bancada socialista -excepto Carme Chacón- intentaban trasladar ánimo y fuerzas a su portavoz con -otra vez estériles, antitéticos y antiéticos- aplausos.

Para acabar de “ayudar” al líder del PSOE y “apoyar” el mensaje, el PSC quiso contribuir -tapando su permanente invisilidad y utilidad social- a la causa, con una -extraterrestre- petición de abdicación del monarca.

No fue un buen debate para el líder de la oposición.

Duran i Lleida escenificó el mensaje matizado de CiU -formas y fondo- en función de si está en Barcelona o en Madrid. Otra vez el “escolta Espanya” -precisamente una actitud cada vez con menos partidarios en Catalunya. La distancia del discurso del president Mas con el del líder de Unió es cada vez más importante. En este debate no hubo choque con el PM Rajoy: la idea era restar dramatismo y tensión.

Izquierda Unida, moderó “un poco” las formas. No chilló ni escenificó ninguna performance, como acostumbra. Joan Coscubiela también bajo el tono, aunque en la foto finish busco la tensión absurda con el presidente de la Cámara.

Rosa Díez, no tan “chillona” como en otros debates, tenía como misión erigirse aún más como alternativa viable al PP y de rebote al PSOE. Su posicionamiento respecto de las tensiones del modelo territorial, fue más contundente que la propia actitud del PM Rajoy y se quiso situar como referencia de la izquierda que se opone frontalmente a la reforma federal de la Constitución, que había propuesto Rubalcaba.

Rajoy, sabiendo que había ganado el cara a cara con el líder de la oposición, estuvo más tranquilo y relajado, sin bajar la guardia y dominando en todo momento el debate con la líder de UPyD.

Aitor Esteban, fue un gran receptor de la torcha que le pasaban Anasagasti y Erkoreka como portavoces, y aunque más serio y con un ritmo más lento, mantuvo las intervenciones del Grupo Vasco (PNV) como de las más bien construidas y las que más se parecen al parlamentarismo británico. El intercambio con Rajoy fue suave y respetuoso.

El PM Rajoy y el Presidente de la Cámara ganarían mucha más “presidencialidad” si consiguieran ser más respetuosos -en las formas y en el fondo- con los ideológicamente opuestos. Hacerse el fuerte o el bravucón con los “pequeños” (Amaiur, Esquerra i el Bloc) denota una actitud de excesiva testosterona que no ayuda a transmitir una percepción positiva del parlamentarismo español entre la ciudadanía.

En definitiva, el PM Rajoy salió victorioso, sin despeinarse, y pasó cómodamente el tiempo más frágil que se le conoce desde su entrada en Moncloa; sin oposición ni alternativa sólida enfrente.

@aleixcuberes es consultor de @ingenia_pro

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